El cineasta italiano Tinto Brass murió este miércoles por la mañana en Roma, a los 93 años, según confirmaron a la agencia Ansa su esposa, Caterina Varzi, y sus hijos Bonifacio y Beatrice Brass. La familia precisó que los funerales se realizarán en una ceremonia estrictamente privada. "Es un momento difícil, de profunda tristeza y pesar", declaró Varzi al ser contactada por la agencia AdnKronos, en información recogida por Il Messaggero. Considerado el gran maestro del cine erótico italiano y una de las figuras más transgresoras del audiovisual europeo, Brass dejó una huella indeleble en la historia del séptimo arte. Tras graduarse en Derecho y formarse en la Cinémathèque française de París, debutó en la dirección en 1963 con Chi lavora è perduto, moviéndose inicialmente entre la vanguardia, la experimentación y la provocación política.
A lo largo de los años setenta, el realizador construyó un cine cada vez más centrado en el erotismo, del que se convirtió en uno de sus principales referentes internacionales. Entre sus títulos más célebres figuran Salon Kitty, La chiave, Miranda, Paprika y Così fan tutte, películas que desafiaron sistemáticamente la censura y dividieron a la crítica y el público por igual. También fue reconocido por su capacidad para descubrir nuevas protagonistas, entre ellas Stefania Sandrelli, Serena Grandi, Debora Caprioglio y Claudia Koll. Amigo de Federico Fellini y Michelangelo Antonioni, reivindicó durante toda su vida la libertad de retratar el cuerpo y el deseo sin hipocresías.
Tinto Brass solía presentarse como el cineasta "más censurado de todos los tiempos". Sus películas eróticas y sexuales siempre sufrieron las mutilaciones de los jueces de la moral mientras pellizcaban a la sociedad de los 70, como su película más recordada y turbulenta, Calígula. El director residió sus últimos años de vida junto a su última esposa, Caterina Varzi, en una casa comprada hace medio siglo en la campiña romana para tener más espacio para la que siempre fue auténtica pasión: el montaje cinematográfico.
Nacido en Milán en 1933, en plena era fascista, Giovanni Brass, su verdadero nombre, se consideraba natural de la isla veneciana de la Giudecca y desde niño se interesó por el arte. De hecho su abuelo le apodó "Tinto" en honor a Tintoretto, por su habilidad en el dibujo.
El cine entró por sus ojos de niño, no con clásicos, sino con el cartel de San Giovanni decollato (1940) del cómico Totò. La idea de dedicarse al Séptimo Arte empezó así a rondarle por la cabeza hasta que se lanzó a escribir un guión de una poesía de Prevert y presentarlo en la Cinémathèque de París, lo que le hizo llegar a una capital sacudida por la "Nouvelle Vague", donde entró en contacto con François Truffaut y Jean-Luc Godard.
Su carrera arrancó trabajando como montador en la Cinémathèque —su primer encargo fue un documental de Joris Ivens sobre Chagall— hasta que un día la directora le avisó de que alguien le esperaba en la recepción para conocerle. Era Roberto Rossellini. Tinto colaboró con el maestro del Neorrealismo montando su cinta sobre La India y ayudándolo en la dirección de Il generale Della Rovere (1959), hasta que, con ese bagaje, se lanzó a rodar su primera película: Chi lavora è perduto (1963).
En su debut vio los dientes a una bestia que lo seguiría siempre, la censura, que obligó a cambiar el título a esta trama de jóvenes anarquistas -de título clarividente, "Quien trabaja está perdido"- por el menos subversivo "In capo al mondo" (En la cima del mundo).
El realizador enseguida expresó su interés por reflejar el mundo del sexo -la censura mutiló 29 de sus 30 películas- con la intención de exhibir al "hombre de verdad" desde sus pulsiones más íntimas, también a los más poderosos.
El ejemplo más claro de este deseo de reflejar a los gobernantes desde su alcoba lo pergeñó en una trilogía sobre el sexo y el poder que nunca completó: hizo "Salon Kitty" (1975), sobre un lupanar para jerarcas nazis, y también "Calígula" (1979), pero nunca llegó a rodar el cierre, una historia sobre los Borgia.
Pero fue su visión del sádico emperador romano la que le encumbró por sus orgías, desnudos integrales y todo tipo de escándalos, que granjearon hasta una denuncia por una supuesta escena necrófila, mientras que el rodaje estuvo repleto de problemas y polémicas.
Las desavenencias surgieron entre las tres personas más decisivas de la obra: él, el guionista Gore Vidal y el productor Bob Guccione, fundador de "Penthouse" y partidario de realizar una cinta porno. La película reunió a algunos de los jóvenes talentos del momento, como Malcolm McDowell, Peter O'Toole y Helen Mirren, y también debía contar con Maria Schneider, ya famosa por El último tango en París, pero fue despedida por desacuerdos con el vestuario.
Brass contaba que durante el rodaje la tensión fue tal que sufrió una intoxicación de nicotina; desde entonces dejó los cigarrillos y se pasó al puro, un vicio que nunca abandonó. El cine, sin embargo, continuó para Tinto, y poco después llegaría una de sus películas más aclamadas y de mayor rédito económico, La Chiave (1983), la búsqueda de la identidad sexual en una pareja en pleno régimen fascista. El cineasta, no obstante, siempre confesó que su obra preferida había sido L'Urlo (1968), la historia de una novia a la fuga que escapa de su familia burguesa para sumirse en una vorágine libertina.
Su fe por esta película fue tal que rechazó la oferta de dirigir "La naranja mecánica" (1971), que acabó en las manos de Stanley Kubrick. Aunque nunca se arrepintió.
Tinto tuvo dos hijos con la guionista Carla Cipriani, Beatrice y Bonifacio, y deja un largo legado de cine erótico y de batalla política con el antiguo Partido Radical, para el que hizo campaña por la libertad sexual con el célebre lema "Mejor un culo que una cara de culo", muestra de su inagotable sentido del humor.